LOS TERATOS DE LA LIT (Pola Oloixarac)

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Acerca de La masacre de Reed College, de Fernando Montes Vera

por Pola Oloixarac

presentación leída en Purr Libros, 29 de mayo 2013

publicada en Revista Katatay, Año IX, No 11/12, septiembre 2014

A la dra. V. Cano

De los seres humanos cultos con aspiraciones artísticas se espera, en los casos más distinguidos, la destrucción. Hablar de la destrucción es una de las maneras modernistas más comunes del arte: se habla una novela que rompe, o un autor que destruye equis estética, tradición, grupo, etc. O no: una novela que no logra romper, que quiso matar y no pudo: en estos casos la expectativa por la destrucción queda trunca. Se fantasea con una palabra escrita que destruye con su sola presencia al resto.

Ahora vamos a hablar de una Masacre, un asunto de muerte distribuida en un milieu particular, en un college. Un ritual de aniquilamiento a gente como ustedes llevado adelante por gente como él (o como nosotros). Los yoes y los ellos se pueden siempre recombinar: es la naturaleza de la magia lingüística, que exhibe como ninguna el pasaje del yo al ellos. Será una petite morte que viviremos no sin éxtasis (la Masacre los promete y los contiene) distribuida en los nodos de una red social, de una escuela, un trabajo. En esos lugares de la muerte, la red social vuelve a hacerse física, se recomponen los lazos visibles. Es el ámbito del troll IRL (i.e. in real life), una de las taxa favoritas entre las mutaciones que nuestro autor investiga.

Adentro y afuera de la novela, en el mundo de los personajes y en el mundo IRL de la vida, la pregunta es Quién decide quién muere y quién permanece con vida.

Como el promachotheuthis sulcus, un tipo de molusco con forma de estrella de mar y una pequeña boca circular de dientes alineados símil humanos, La Masacre de Reed College de Fernando Montes Vera extiende sus tentáculos sobre dos mundos: el universitario precarizado de Buenos Aires y el progresismo en estado de delirium tremens de Portland, situado en un valle del oeste de Estados Unidos. El promachotheuthis sulcus mismo vive a mitad de dos mundos: es mitad calamar, mitad mantarraya. Sabemos de su existencia entre nosotros, o entre el nosotros que conforma el mar, desde épocas muy recientes, desde 20071.

En La masacre de Reed College abundan los monstruos de dos mundos. Incluso gente de que viene del más allá de los libros, de un limbo libresco, y que me consta que estuvieron amenazados de muerte –dentro del libro, casi desaparecen-. Esto sólo para decir que Fernando peleó por la existencia de sus criaturas. Cuando la leía, pensaba en la novela como un tipo de organismo con digestión externa. Las criaturas devoradas todavía son reconocibles en su seno. La mordedura se transparenta. Deforma a sus víctimas antes de ingresarlos en su interior: las reduce a su forma existencial más pura. Y la composición de este líquido abrasivo, nítrico para con las sustancias que aborda (no son temas), es la comedia de las costumbres biológicas del siglo XXI, la comedia de las biologías desatadas, dándose formas apenas reconocibles, mutando en otros ecosistemas. El estudiante argentino adaptándose al ecosistema americano, el relato del viajero descubriendo una América poblada de monstruos. Donde las maestritas del ensueño sarmientino ahora son veganas y translésbicas et al.

Quién vive y se adapta, qué decide en su interior qué es lo que vive y qué muere.

A nuestro autor lo fascinan las luchas entre insectos literarios, las diversidad de las especies literarias en pugna. En sus chats, entre emoticones y zetas aplicadas a todo sonido salival, me comenta por ejemplo que tal revista literaria emitió un Mandato, o concluyó un precepto que hace conocer a sus iniciados: al entrar hay que hacer mucho ruido. O su corolario: Hay que “entrar” rompiendo todo. Entrar. La presencia de un horizonte de hostilidad frotándose las patas ahí donde se curva la tierra de la pantalla lo excita. En las planicies blanquiazules, hundidos entre chats y redondelitos verdes, lo esperan. Yo sólo le deseo los mejores enemigos del mundo.

Quería traerles una cita pero tengo parte de mi biblioteca en Bariloche y el libro quedó ahí. Un libro que me encanta, se llama Virolution, de Frank Ryan. Un grupo de gente, entre ellos Lynn Margulis (que, increíblemente, era la esposa de Carl Sagan), empezó a estudiar el comportamiento de ciertos virus en los años 70, y encontraron que había una vuelta interesante para dar a la teoría de la evolución, porque la mutación de las especies por sí misma no podía explicar la variabilidad de las especies, ni el ritmo de variación. Había un ritmo en los saltos evolutivos para el que la teoría de Darwin no tenía explicación (él mismo había entrevisto este problema cuando abrió su teoría para la discusión, cuando la dejó vivir fuera de él después de incubarla durante más de 20 años, recolectando evidencia de que ella, su teoría, existía en íntima colaboración con el mundo y por tanto debía existir de verdad). Un tiempo después, en otra parte del mundo, una gente investiga unas algas y llega a la conclusión formidable de que los cloroplastos de las algas, los que hacen la clorofila –y nos referimos a unas algas que tenían chances de ser los primeros seres superiores a los protozoarios de la tierra, los primeros responsables de tramitar la energía del sol en alimento y en oxígeno-, eran en realidad unos virus que infectaron hace miles de años a las algas y, oh, en esa infección a la fuerza, surgió la fotosíntesis. Y todas las algas que no lograron sobrevivir a la presencia de esa infección murieron; murieron porque no asimilaron al visitante en su interior. Murieron unas y se diseminaron otras rápidamente, o mucho más rápidamente que bajo la idea de que hay un rasgo que prevalece a través de generaciones: el virus acelera la evolución y la produce. Porque en el seno de la infección hay un pacto de sumisión. Todos los que se rehúsen a tener su virus en su interior, a pactar la convivencia con él, morirán. Sólo aquellos que pacten y se vuelvan hospitalarios a este huésped sobrevivirán (los virus son bareback). Después el virus se esconde y casi no quedan rastros de su ADN, porque es un retrovirus, como el del sida.

La teratología es el discurso de los monstruos. ¿Y qué venimos a ser nosotros? ¿Qué fue lo que matamos para empezar a ser éstos y no otros? Nosotros somos ésos: los teratos de la lit. Teratos quiere decir el monstruo, el teratos que vive adentro de la lit y la percorre en su elemento. El monstruo que li y el monstruo que leí. El teratos que deambula en el ecosistema de la lit: su vector de contagio y contaminación. El repertorio psíquico de los teratos puede variar y Fernando Montes Vera los hace cantar con gracia y soberano estilo.

Por supuesto que no se trata de etnografía. Esto es otra cosa. La literatura se abre a la aparición de las nuevas criaturas, y reclama un lenguaje descriptivo para las nuevas especies. Fernando Montes Vera se mueve del registro monográfico in vitro al diálogo vivo y al pogo con sus criaturas. La novela se exhibe como una estudiantina de monstruos, donde el castillo gótico son los laberintos, universitarios o no, de lo que se puede ser y se puede decir: y cómo se dice, y qué es lo que muere sin llegar a masticarse nunca.

La masacre de Reed College, subespecie dentro de la estirpe de las novelas monstruo. Es la novela de una especie trasladada predando en un ecosistema nuevo, dúctil a las formas, donde todos los organismos reclaman el derecho a una especificidad total. Las mujeres ya no son mujeres, son “personas con úteros”; los etcéteras se multiplican. Una lingüística pregnante a la monstruosidad; la novela misma es una teratología: un discurso sobre los monstruos, un logos, un Monstruos BASIC.

La palabra y la historia son sólo papel. Pero la literatura vive únicamente como lo que infecta y permanece y lucha por su existencia y está dispuesto a matar y morir. Sólo en tanto lo que se inserta y lucha en el terreno cerebral de sus enamorados. Puedo escribir los monstruos más oscuros esta noche. Puedo escribir.

1 Young, R. E., M. Vecchione and C. F. E. Roper. 2007. A new genus and three new species of decapodiform cephalopods (Mollusca: Cephalopoda). Rev. Fish. Biol. Fisheries, 17: 353-365.

FMV RESPONDE #1

amiewes

¡Hola! A partir de hoy inauguro una nueva sección de correo de lectores porque ando sintiéndome un poco #luisadelfino. La idea es que quien quiera puede acceder a http://goo.gl/vVxIor y realizar una consulta anónimamente y yo utilizaré todos mis recursos y sabiduría para aportar mi granito de arena a la hora de solucionar o superar lo que sea que mxs lectorxs estén atravesandx.

 

Escueta, llega la primera consulta:

 

Mi novio habla todo el tiempo de la ex con la que estuvo 6 años. Y cuando la ve o se algo le hace acordar a ella se pone triste. —¿Segundo plato?

 

 

Estimadx Segundo Plato,

 

Muchísimas gracias por inaugurar esta sección con tu consulta. Hace muchos años una gran amiga me dijo que las relaciones no son ni tienen por qué ser simétricas. Y Tori Amos, a pesar de estar casada y rendirle culto a su matrimonio, en una entrevista se refirió a su ex novio y productor Eric Ross como su alma gemela. Ante el desconcierto del entrevistador ella agregó, con total naturalidad, que alma gemela no se tiene una sola, sino que son varias, y pueden/suelen reposicionarse a lo largo de la vida, pero eso no quita que dejen de existir o de significar. Eso a mí me gustó. Personalmente, una de mis canciones preferidas es I wish I had an Evil Twin, de Magnetic Fields. Me encanta, pero es también esta idea de dualidad, binarismo. Alguien que me complementa perfectamente. Yin y yang. Y está bueno salir de eso. Hace poco hablábamos con mi gemelo malvado/bueno sobre que cada uno tiene muchos gemelos y está bueno para toda relación de cualquier tipo poder respirar y reconocer una continuidad mucho mayor que una cosa de dos y nada más, considerarse parte de una red social —en un sentido pre internet— más grande. Una comunidad. Una red que te ataja. Es lindo, porque estamos todos en esta y nos hacemos cargo y encontramos cosas lindas en mucha gente. En rigor, no es algo malo en sí mismo que él extrañe a su ex. Al contrario, lo hace humano, sensible. El problema es rumiar demasiado en el pasado, y por tu breve mensaje puedo atreverme a inferir que es el caso de tu ex (a menos que haga dos semanas que salen y en tal caso vendrías a ser una rebound girl o rebound boy o el género que te guste, ya que no aclaraste). En el fondo, si buscamos, podemos descubrir que seguimos enamoradxs de todxs lxs qux estuvimxs xnxmxrxdxs. Es cuestión de tiempo libre y voluntad de sufrimiento. A menos que nos hayan hecho terribles guachadas. Y ni siquiera. El problema vendría a ser la rumia, y si la rumia constante del pasado existe, entonces puede ser parte de algo más grande que lo excede a él y a la ex en cuestión. Quizás es melancólico, un poco depresivo. Quizás sea algo de otro orden.  La pregunta sería, en tal caso, si vos lo aceptás con la ROM que vino o no. ¿Fantaseás con cambiarlo? No está bueno eso.

Insisto, falta información acá, como hace cuánto que sale con vos. Pero estamos pensando. Pensemos.

Con respecto al hecho de que habla mucho de su ex, también: pueden ser dos cosas. O es medio asperger y no registra las negociaciones de su interlocutorx por cambiar el tópico de conversación o siquiera retener el turno de habla, o es medio desconsiderado. En el peor de los casos, es un psicópata, y si estás enamoradx de un psicópata necesitás ayuda urgente, como quien tiene un problema de salud agudo y debe ir al médico.

Pero lo más importante, en realidad, es que no sufras. A pesar de que da vértigo, en todas estas situaciones es la verdad la que libera. ¿La pasás bien con él o es una bolsa de agua caliente? ¿Es él tu primer plato, Segundx Platx? ¿Le contaste lo que te pasa? ¿Alguna vez le dijiste que te jode que te hable de su ex? La telepatía no existe y no son Abby y Brittany, las siamesas norteamericanas que comparten un cuerpo de dos cabezas y son capaces de completar las oraciones de una y otra. No queda otra que comunicarse.

Cuando le preguntaron a Armin Meiwes, el caníbal de Rotterdam, por qué había citado un hombre por internet y le cortó los genitales para luego saltearlos y comerlos juntos —cosa que no logró, porque el comido voluntario intentó comer su propio pene, pero estaba muy duro y gomoso, a lo que Meiwes lo fritó con un poco de la grasa de la víctima, pero finalmente lo quemó y se lo tuvo que dar al perro—, la respuesta fue que de chiquito siempre había fantaseado con un hermanito que pudiera abrazar mucho mucho mucho hasta comerlo. Segundo Plato, ¿cuál es la historia? ¿Querés que te coman o no? ¿Cuál es el problema entonces con ser Segundo Plato? ¡Es el que llena!

Y otra cosa, ¿Sos celosx vos?, porque si ese es el caso, deberías aprender a separar tus celos de las personas a las que haces objetos de éstos. Ninguna persona en el mundo nos debe amor eterno, único e incondicional. Pretenderlo es una forma de esclavismo emocional. Pensá que hasta Abby y Brittany también necesitan sus momentos y espacios de soledad, cosa que logran con cortinitas. ¿Vos tenés momentitos para vos? ¿Alguna cortinita? ¿Valorás tu tiempo solx? Quizás si él te extrañara a vos ya no tendría tiempo para extrañar a la ex. Pero no puede ser que ése sea tu objetivo. Buscá la verdad, aunque sea dura y gomosa. Aprendé a pasar y disfrutar tiempo solx. No seas segundo plato. Cocinate vos, disfrutate vos, comete vos. En tus términos.

 

 FMV

 

¿SUEÑAN LAS TRAVESTIS CON OVEJAS TRAVESTIS?

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Fernando Montes Vera y Gabriel Dallas.

“Tuve una amiga gorda, en la adolescencia, pero nunca salía con ella porque no quería que me vieran con una gorda”

Angelica Gorodischer.

 

¿Por qué la gordura de La Nata no es graciosa y la de Carrió sí? Puro talento. Carrió es capocómica por naturaleza; La Nata intenta ser show woman y no le sale.

Lo que no le falta a La Nata es escándalo. Cuesta entender que una comunicadora de su tenor se entregue a la más desesperante incomprensión tratando de hombre y travesti con pito a Flor de la V. Los argumentos son muchos, y podríamos preguntarnos, como muchos, si lo que la mueve no es, acaso, la más absoluta Maldad. En realidad la respuesta no es y no puede ser tan simple. Criticar la noción de género no es patrimonio exclusivo de la corpo, ni de opinadores, ni de cocainómanos, ni de la derecha ultracatólica —sin ir más lejos, Flor bautizó a sus hijos por la misma Iglesia que la considera una abominación—. Es difícil afirmar que una posición crítica del género como identidad es de derecha o izquierda. En Irán, a los homosexuales se los castiga con pena de muerte, pero a las transexuales no sólo no se las castiga, sino que el Estado les paga las cirugías y hormonas para convertirlas en mujeres, limpiando el país de todo rastro de homosexualidad. En EE. UU. las críticas más feroces a la transexualidad vienen por parte de las lesbianas feministas más politizadas y de izquierda: las radfems, que perciben en las políticas de género una reafirmación de todos los prejuicios y estereotipos que ellas han luchado por desterrar —que las mujeres son necesaria y naturalmente inferiores, suaves, maternales, bellas, maquilladas y usan pollera—.

Nosotrxs podemos distraernos imaginando las razones que llevan a La Nata a decirnos cosas obvias sobre la genitalidad de Flor —cuando la mayoría va por la vida sin que nuestrxs genitalxs sean un tema para los desconocidos—. Quizás La Nata misma sea una lesbiana feminista, pero es poco probable.

Lo curioso, en realidad, siempre son los puntos de contacto. Flor bautizó a sus hijos por iglesia, lo que generó en su momento el alzamiento de miles de voces de la Buena Diversidad en éxtasis de indignación. ¿Cómo ella, una víctima del sistema, podía convertirse en una traidora a la especie y transar con el enemigo así como así? Nadie pudo ver el verdadero germen transgresor en Flor de la V. La colonización. La infección estratégica. Flor es un troll. Situándose dentro del juego de la propia Iglesia, su conducta resulta mucho más transgresora que las adolescentes satanistas de finales de los 90s.

La Nata también es un troll. Uno muy básico, eso sí, ya que en vez de aprender de Flor y colar sus tentáculos por las grietas, elige el mínimo esfuerzo: repetir el discurso que más irrita. Bostezos. Sus extensiones se erigen, como la mala mitad-psycho-mitad-pulpo de La Sirenita, frente a varios discursos y él o eso elige el más ruidoso. Es obvio que en unos días o semanas o meses va a salir a decir que los pueblos originarios son indios, porque orginarios-originarios son los neanderthales o los homosapiens o las amebxs. O sea originario es el Big Bang, bolú.

La Nata insiste: “yo puedo decir lo que quiera”. Insiste en que las palabras que salen de su boca son sagradas, nadie puede advertir “che eso no lo podés decir, ese grupo de palabras no pueden salir juntas”. No en televisión. Hoy hasta el personaje más políticamente incorrecto  (“BoJack Horseman”, por ejemplo) es consciente (y acepta) que las palabras son un consenso, que cambian según las épocas. Es tan simple como que ”mujer” quería decir una cosa antes y significa otra cosa ahora. Tambien es Monique Wittig, célebre lesbiana feminista, diciendo “Las lesbianas no son mujeres”. Para La Nata: ¿las lesbianas son mujeres?

¿La Nata puede decir lo que quiera? ¿Todos podemos decir lo que queramos? ¿Que significa decir “lo que quiero”? En el año 2011 el ex periodista Juan Terranova publicó una nota en la que se burlaba de una feminista y terminaba manifestando su deseo de romperle el argumento a pijazos (sic), y el escándalo fue tal que su carrera periodística implosionó a otra dimensión como la casa de Poltergeist. Decir “lo que quiero” significa que no espero respuesta del receptor, significa que su respuesta no puede afectarme, que me resulta indiferente. Significa que no le pienso dar entidad al otro. No está ni vivo ni muerto. ¿Y por qué La Nata dice algo contra Flor de la V? ¿Por qué la nombra a ella en particular? ¿Por qué no habla de todos los tipos en general? Justo a ella, que no la dejaron llamarse Florencia de la Vega (¿y hoy como sería eso?). Sea como fuere, hay gente que no amedrenta hasta darse cuenta de que las cachetaditas, cuando vienen en masa, dejan de ser insignificantes, y cuando todo Liliput colabora en tirarnos al piso, ya es demasiado tarde, porque ahora #SuperInadi ha venido al rescate y La Nata deberá pagar el terrible castigo: hacer un cursito sobre género y diversidad. El horror. O pedir disculpas. El horror al cuadrado.

RETROFUTURISMO: PUTOS PERONISTAS

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Esta investigación la realicé en el año 2011 y la presenté en algunos congresos. No la publiqué en su momento porque no me cerraba y después me aburrí.

Lo veo y no lo creo

Disonancia y construcción de la identidad en el discurso de la Agrupación Putos Peronistas.

♫♪♫ No leímos a la Butler, nos cagamos en Fucó somos las Travas del Pueblo las de Evita y de Perón ♪♫♪

(@PutosPeronistas en Twitter, 7 de Mayo de 2011)

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I – Introducción

Este trabajo forma parte de un proyecto de investigación que busca indagar sobre procesos de constitución del discurso de la Agrupación Putos Peronistas (PP), formada en el año 2007. PP realizó su primera y sorpresiva aparición pública en la Marcha del Orgullo LGTB del mismo año bajo la bandera “Putos Peronistas La Matanza” (Collazo, 2010). La convocatoria del grupo era mínima, y aún no contaban con un dispositivo de prensa. Un tiempo después, usuarios de blogs y foros de internet pusieron en circulación fotos de un cartel de la agrupación haciendo acto de presencia en la marcha, barajando la hipótesis de que la foto había sido manipulada mediante algún programa de edición de imágenes.

El retorno de la agrupación en la Marcha del Orgullo del 2008 terminó de desmitificarla (al menos en lo referente a las especulaciones acerca de su existencia). Con más miembros y recursos, desfilaron entre el resto de los camiones, encabezados por una Evita travesti que arrojaba besos a la gente, montada a un Citroen reciclado que repetía la grabación en loop de la marcha peronista interpretada por Alberto Migré Hugo del Carril. Como resultado de esta intervención, lograron obtener mayor visibilidad y repercusión en comparación con la edición 2007 de la Marcha del Orgullo. Días después, su participación en el evento fue comentada por Daniel Link, catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, escritor y colaborador frecuente de Página 12:

Las deliciosas chicas de Brandon habían hecho lo imposible por colocar su propio camión performático detrás del de Soy y, al principio, lo habían conseguido, pero después fueron desplazadas por el móvil insufrible de la agrupación Putos Peronistas, que a algunos hace gracia, pero hay que aguantar esa marcha horrísona como único aporte auditivo para darse cuenta de que algo chirría en esa conjunción snob de identidades. Por fortuna, el tumulto quiso que después de la 9 de Julio los perdiéramos de oído (como quien dice, de vista) (Link, 2008)

En principio hay algo más disonante que la «marcha horrísona» de la que habla Link, y tiene que ver con el signo «snob» adjudicado a los integrantes de PP. En uno y otro caso, la aparición del signo «putos peronistas» es conflictivo y su llegada al ámbito de lo social produce «ruido». ¿Puede la definición sexual admitir la definición política? Planteamos estas cuestiones para ilustrar el terreno poco fértil que encuentra PP a la hora de pretender insertarse en la sociedad. Primero, una broma; luego, un capricho snob. PP se enfrentaba con un amplio espectro de obstáculos a la hora de plantar una bandera en la sociedad y ser reconocidos en sus términos. De una u otra forma «putos peronistas» se volvía un oxímoron. O bien los «putos» no pueden ser «peronistas», o los «peronistas» no pueden ser «putos».

En términos generales, PP se presenta como una alternativa a las agrupaciones de diversidad más centrales—como la CHA1— que, a su entender, se desentienden de las luchas sociales y realizan una suerte de activismo apolítico y clasista2. En este respecto, el énfasis de PP es trabajar en la periferia y hacer tareas de base, con un fuerte hincapié en prevención del HIV-SIDA entre las travestis del conurbano de Buenos Aires, especialmente en el partido de La Matanza. En los cuatro años que separan este análisis del surgimiento de la agrupación podemos observar un crecimiento en su visibilidad, legitimidad y participación política.

El objetivo de nuestra investigación es examinar el discurso de PP en el contexto de su aparición y su inserción en el ámbito de lo social y la militancia. Para este propósito reunimos una serie de materiales en distintos formatos y soportes que tienen en común haber sido enunciados por miembros de PP en carácter de representatividad. Agregamos que PP no reconoce voceros designados y parece, hasta el momento, no mantener una estructura jerárquica, al menos de manera manifiesta.

En este trabajo en particular, analizamos, en el discurso de PP, los mecanismos de construcción de una representación social (en términos de identidad) del «puto peronista». Por representaciones sociales (Raiter, 1999) entendemos imágenes mentales que tienen los sujetos respecto del mundo. En la medida en que una representación es conservada, constituye una creencia con una tendencia a naturalizarse.

Las representaciones sociales se conforman por mecanismos comunicativos y están sujetas a jerarquías y roles sociales de quienes las producen, las transmiten y las activan. En este sentido, entendemos que el interdiscurso3 (Maingueneau, 1991) es la zona de conflicto en la cual se produce la lucha por el establecimiento, transmisión y legitimidad de las representaciones sociales.

Para trabajar con el dispositivo de enunciación, recurrimos a la metodología desarrollada por Eliseo Verón (1987), quien propone un análisis del discurso político en términos de entidades y componentes. Las entidades habitan los enunciados del discurso político y se pueden clasificar según cuán abarcativas sean y también por rasgos estructurales como la singularidad o la masividad. Los componentes también forman parte del enunciado y funcionan como articulación entre enunciado y enunciación, distinguiéndose los componentes descriptivo, didáctico, programático e interpretativo.

Sostenemos como hipótesis de trabajo que, ante la imposibilidad de comunicar una representación de la identidad propia frente a determinados auditorios, PP utiliza estrategias diferenciadas en el nivel de la enunciación.

La heterogeneidad de los materiales que encontramos (blogs, programas de radio, páginas en facebook) nos llevó a establecer un criterio restrictivo a la hora de elaborar el corpus. Nuestro interés analítico está enfocado en el discurso político como tal (Verón, 1987). Para estos fines decidimos establecer nuestro corpus en base a dos discursos prominentes de PP en tanto que están dirigidos a auditorios diferentes, con una exposición mucho mayor que las intervenciones en internet y en la radio, y cuya constitución los tipifica más en la categoría de discurso político. A saber:

  1. Cuadernillo Nº1 de PP: «Taller de formación». Se trata de un cuadernillo de uso interno con fines de formación en peronismo y diversidad sexual. Redactado por Pablo Ayala. Mayo de 2010.

  2. Discurso de PP en el Senado de la Nación durante las audiencias públicas para el tratamiento del proyecto de Matrimonio Igualitario. Leído por Mariano Rapetti. Junio de 2010.

II.1–Sembrando una identidad en la periferia.

En primer lugar, analizamos el Cuadernillo Nº1 de PP. Este material es de uso interno de la agrupación —de hecho, advierte que se trata de un boceto y no debe difundirse— y está destinado a su lectura y discusión en los talleres de formación de PP. El texto está firmado por Pablo Ayala, pero el enunciador, entendido como modelización abstracta de las operaciones discursivas, es más problemático de identificar. Es llamativo que, siendo un material de uso interno destinado a los miembros de PP, esté redactado en la tercera persona del plural. Los «putos peronistas» son «ellos», en contraposición con un «nosotros» expreso:

Por eso los Putos Peronistas son nuestros compañeros, no son un invento posmoderno, sino que asoman desde el fondo de la historia para recordarnos que la única minoría en este país es la oligarquía a quienes se les opone todo un pueblo con sus diferencias sociales, culturales, étnicas y también y porqué no, sexuales.

El «nosotros» aparece en el sintagma «nuestros compañeros», lo cual está hablando de otro tipo de vinculación, significada términos de oposición con la oligarquía: la «única minoría».

Compañeros

Oposición

Nosotros / Ellos

Ellos

X / «Putos Peronistas»

«Oligarquía»

Esta disociación en el ámbito de los compañeros problematiza la cuestión del modelo de destinatarios múltiples de Verón. «putos peronistas», en este discurso, es esperable en el lugar del prodestinatario —la variable auditorio está construida en íntima relación con el propósito del cuadernillo, su contexto de recepción declarada es el de las reuniones a las que asisten los militantes exclusiva y voluntariamente—, sin embargo no es así: no se trata de un colectivo de identificación —anulada por la exclusión del «ellos»— sino que constituye el paradestinatario. Entendemos que esto está vinculado con la inauguración de la representación del «puto peronista» en ausencia de una creencia presupuesta que pueda sustentar el proceso de identificación.

El análisis en términos de entidades del discurso arrojó los siguientes resultados4:

  • Colectivo de identificación: («nosotros» con una referencia poco clara)

  • Colectivos más abarcadores: («ellos» compañeros) putos, tortas, pantaloneros, costureros, travestis de silicona barata, cabecita negras, descamisados.

  • Colectivos singulares masivos: gorilaje, oligarquía, derecha peronista.

  • Meta-colectivos singulares: la sociedad.

  • Formas nominalizadas con valor evaluativo positivo: ignorancia (en contraposición a «homofobia»)

  • Formas nominalizadas con valor evaluativo negativo: lo gay, el mercado gay, troskismo.

  • Formas nominalizadas con valor explicativo: homofobia, academicismo gay gorila.

En base a esta sistematización podemos señalar que

  1. La unión entre «putos» y «peronistas» como identidad «puto peronista» no se produce en la constitución del prodestinatario.

  2. El paradestinatario, al ser construido como un destinatario al cual se dirigen las estrategias de persuasión, es el terreno en el cual puede «sembrarse» una representación social nueva.

  3. Confirmando la lectura de Veron (1987), verificamos que el paradestinatario es construido como un colectivo enumerable, mientras que el contradestinario es construido como un colectivo singular pero masivo.

  4. La presencia, en el intradiscurso, de estereotipos tradicionales de adversarios del peronismo («gorilaje», «oligarquía») redirecciona al enunciador y empieza a darle forma como «peronista», antes que «puto». Mientras que la oposición peronista / gorila es un presupuesto, la oposición puto / gay es explicada.

En materia de componentes observamos, ante todo, una fuerte presencia del componente descriptivo. Todo el cuadernillo es una historización que inserta y posiciona el ser «puto peronista» históricamente en las referencias, proponiendo a PP como la continuación contemporánea del FLH.

En la indefinición del «nosotros» hay un fundamento de persuasión y no imposición. Detrás de «nosotros», el prodestinatario es presentado como algo que no sabemos qué es, pero que es peronista, ya que posee determinados valores peronistas, si vale la redundancia. El proceso de identificación como «putos peronistas», entonces, tiene un ordenamiento: «peronista» como condición de «puto» y no viceversa. Lo que estamos planteando es pensar este discurso como «peronistas putos» antes que «putos peronistas». Aunque el texto inserte históricamente el ser «puto peronista», la relación entre enunciación y enunciado pone en escena que, más allá de la veracidad factual del cuadernillo —que no es relevante a los efectos de este análisis—, lo que es determinante, en este discurso, para el estatuto de PP en tanto agrupación legítima es su discontinuidad con los discursos del pasado y la estrategia de un enunciador «vacío» como condición de producción de su imagen (con miramientos a convertirse en representación).

El establecimiento del ser «puto peronista» también está sustentado en la oposición «puto» / «gay», que instala una dimensión nueva en la lucha entre «peronistas» y «oligarcas». Se trata de una reformulación que, en una estrategia análoga y rastreable en Eva Perón, no se agota en la reapropiación del insulto «puto» como una identidad reivindicada a través del recurso argumentativo de la retorsión (Vitale, 1995) en el campo del adversario en la cual «gay» se plasma de características negativas.

II.1–Las cosas por su nombre.

El segundo discurso con el que trabajamos es el que pronuncia Mariano Rapetti representando a PP en el Senado de la Nación en Junio de 2010 en el contexto de las audiencias públicas por el proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario. En este caso el auditorio está conformado por los legisladores de distintos partidos y la presencia de algunos medios.

En este discurso el enunciador sí se identifica con el «nosotros» discursivo5.

En este discurso funciona una suerte de superación del límite referencial del Cuadernillo Nº 1. En este discurso, el enunciador ocupa el lugar del «nosotros», identificándose con PP:

Los Putos Peronistas —que es la agrupación desde la cual yo voy a hablar— nacimos como agrupación a fines de 2007 en el kilómetro 35 de la ruta 3, en las afueras de González Catán, partido de La Matanza y desde allí nos ampliamos al resto del conurbano, a la Capital y a otros rincones de nuestra Patria

Aquí se juegan diversas cuestiones. En primer lugar, el gesto político que implica la pronunciación del nombre de la agrupación tanto por parte de miembros como de no miembros. Podemos sumar a la resignificación el hecho de que el signo “puto” constituye una forma de invadir al adversario porque desafía al otro a decir lo que puede ser parte de lo indecible en la situación (lo que la formalidad, la corrección, y el eufemismo ocultan: la existencia de “putos”, cuando lo “correcto” en ese ámbito sería hablar de “homosexuales” o “gays”)

Las entidades presentes en este discurso son:

  • Colectivo de identificación: Putos Peronistas,

  • Colectivos más abarcadores: laburantes, compañeros y compañeras, todos y todas, ciudadanos que pagan sus impuestos, compañeros trans y compañeras travestis, compañeros y compañeras legisladoras, familias ensambladas, familias monoparentales, familias sin hijos, familias diversas, hombres comunes, dos iglesias, organizaciones y centros religiosos, hijos, hijas, dos padres, dos madres.

  • Colectivos singulares masivos: peronismo,

  • Meta-colectivos singulares: el pueblo argentino, la sociedad humana, la Patria

  • Formas nominalizadas con valor evaluativo positivo: los cambios sociales,

  • Formas nominalizadas con valor evaluativo negativo valores hechos políticas de estado hicieron con nosotros,

  • Formas nominalizadas con valor explicativo: corporaciones monopólicas, los sectores más reaccionarios, sociedad marginadora, la putez, indignidad, liberación sexual, injusticia social

En base a esta sistematización podemos señalar que

  1. El prodestinatario está representado en el discurso y en este caso toma la forma de una referencia existente, real y física —el Km. 35 de la ruta 3 en las afueras de González Catán-. Esto constituye una diferencia notoria respecto de la fundación del sujeto «puto peronista» en el Cuadernillo Nº 1, donde se lo anclaba a los ‘70s.

  2. La variedad de otros colectivos constituye un paradestinatario con una fuerte presencia, y esto está ligado a la utilización de herramientas persuasión.

  3. No se recurre a la memoria discursiva del peronismo para construir el contradestinatario, sino que éste está actualizado en referencias tangibles e identificables desde el lugar de lo explicativo. El enemigo no es la oligarquía, la CHA o lo «gay», sino las corporaciones, los sectores reaccionarios.

Asimismo, en este discurso también hallamos una preponderancia del componente descriptivo, pero con el agregado de los componentes prescriptivo y programático, en tanto se articulan el discurso diagnósticos, propuestas, soluciones y deberes.

La sanción de esta ley no solo es una cuestión de derechos e igualdad sino ante todo una urgencia social. Es hora de que el Estado se haga cargo de ésta situación, porque en nuestro país una travesti tiene un promedio de vida de treinta y cinco años. [respecto de la ley de identidad de género]

Como decía Juan Perón: “Los hombres comunes necesitan vivir comúnmente, lo que hay que hacer es elevar el índice de felicidad sin el cual la población no puede vivir tranquila”

La memoria discursiva aparece no para darles nombre a los adversarios, sino para revelar en la transcendencia de lo deóntico el discurso de Perón, y este sería un segundo punto de marcada diferencia entre PP «puertas adentro» y «puertas afuera». Por el contrario, en lo que se presenta como un material de formación del militante PP, Perón no aparece más que citado en las consignas de los militantes del FLH. El peronismo, en el cuadernillo, es un peronismo sin Perón, donde no está Perón.

La apelación a la memoria discursiva del peronismo, arraigada en los intertextos de “La Doctrina Nacional” permiten la reconciliación del presente con el pasado, de la familia como valor y las familias diversas, defendiendo un peronismo que puede ser puto, y cristiano: pero siempre “nacional y popular”. PP antepone la lucha social en este discurso y, de esta forma, posiciona las causas de diversidad e identidad de género emanando de un proyecto nacional y popular. La figura del «puto peronista» es un presupuesto, en este caso, donde ya la representación social aparece más solidificada y transmisible.

III — Conclusiones

Nos hemos propuesto identificar los procesos que intervienen en la construcción / transmisión de una representación de la identidad de PP en el contexto de problemas de visibilidad y legitimidad para la agrupación. En este sentido entendimos que lo que no se puede comunicar referencialmente —en el nivel de los enunciados— genera deslizamientos y disociaciones en el plano de la enunciación. En el caso del Cuadernillo Nº1, PP sacrifica el colectivo de identificación en pos de acentuar el componente descriptivo del discurso y construir a los PP desde una distancia más impersonal u objetiva, cercana al discurso histórico. En el caso del discurso frente al Senado, PP aprovecha el malestar que causa su nombre en el auditorio, presentándose como colectivo y asociándose a la memoria discursiva del peronismo en términos de intertextos explícitos con “La Doctrina Nacional”, pero, sin embargo, reproduce la oposición entre “puto” y “gay” presente en el cuadernillo del taller de formación.

En síntesis, hemos llamado la atención sobre operaciones discursivas en PP que se diferencian en relación con los auditorios de los discursos. En este sentido, ponemos el foco en las formas que adopta lo indecible o lo impensable tanto dentro como fuera del discurso de PP. En principio, el signo “putos peronistas” entra en conflicto con estereotipos o imágenes ajenas, pero también propias, en términos de que la construcción de esta identidad es explícitamente discursiva desde el primer momento en que el cuadernillo alecciona, puertas adentro y en tercera persona, sobre lo que es o no es un puto peronista.

Para futuros trabajos, nos planteamos la posibilidad de trabajar estas cuestiones en los distintos formatos on-line que sirven de soporte al discurso de PP, así como también el análisis multimodal de estos soportes, y proponemos focalizar la atención en el recurso de la retorsión utilizado para apropiarse del cliché (sobre el ser “puto” o ser “peronista”) y resignificarlo.

Bibliografía

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Verón, Eliseo (1987), “La palabra adversativa. Observaciones sobre la enunciación política”, en AA.VV.: El discurso político. Lenguajes y acontecimientos. Buenos Aires, Hachette.

1 Comunidad Homosexual Argentina.

2 Al respecto, citamos a Pablo Ayala, fundador de PP, entrevistado para el diario Perfil: «Nosotros también representamos la lucha por los derechos sociales» en Erb, Patricio. 1-11-2008. «El peronismo dijo presente en la Marcha del Orgullo Gay» [publicación en línea] Disponible en Internet en <http://www.perfil.com/contenidos/2008/11/01/noticia_0031.html> [con acceso el 28-06-2011]

3 Entendemos como interdiscurso la relación entre formaciones discursivas (Foucault, 2002), a las cuales podemos definir, a su vez, como sistemas de regularidades que producen los discursos delineando los límites de lo decible en una coyuntura dada.

4 Siguiendo la propuesta de las entidades del discurso político (Verón, 1987) en una metodología sistematizada por nosotros para optimizar el análisis: en primer lugar clarificamos la taxonomía de entidades del Discurso Político, y en segundo lugar realizamos una clasificación de las entidades según este sistema.

5 En un principio, la Senadora Liliana Negre de Alonso del PJ —presidenta de la cámara y opositora al proyecto de ley—, presentó erróneamente a Rapetti como el coordinador del Frente por Nacional y Popular de la Diversidad Sexual. Rapetti intentó corregirla y rectificar el nombre de la agrupación que representaba, pero Negre de Alonso se precipitó a aclararle que había recibido la información de esa manera, invitándolo a proceder con la exposición. No estamos en condiciones de afirmar que Negre de Alonso censuró a Rapetti para silenciar el signo “putos” en el Senado, pero sí es innegable el hecho de que en el solapamiento entre ambos, Rapetti dio inicio a su discurso y su auditorio no sabía bien quién era, qué representaba y, consecuentemente, qué imagen podían llegar a tener de él.

NATURALEZA/CULTURA: VOS CALLATE QUE SOS ADOPTADA.

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Princesas del corazón

Fernando Montes Vera y Gabriel Dallas.

Tu madre no podrá venir ya más. Los hombres se la han llevado.

 

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No se suele hablar mucho de esto pero se sabe. De hecho, así lo documentan algunos fósiles esparcidos por Internet: las nenas que miraban Chiquititas fantaseaban con ser huérfanas. El orfanato “Rincon de luz” era un espacio donde convivían dos universos opuestos: el mundo ultra triste de huérfanos alla “David Copperfield” y el mundo ultra feliz de huérfanos que festejaban la desaparición de los adultos alla Peter Pan. El gran drama de las nenas de la serie era, por lo general, haber sido abandonadas, hecho que impactaba directamente en su autoestima generando en ellas un sentimiento de culpa que se disolvía (al menos momentáneamente) con algún momento musical. Completaba el cuadro sintomático la elección estética y ética de nombrar a las personajitas con los nombres de las pequeñas actrices que les ponían el cuerpo.

En medio de danzas, travesuras y vocecitas chillonas, el verdadero dread de esta bipolaridad televisiva que contribuyó a moldear las personalidades de millones de niñitas se hacía carne en la figura de Jime, la heroína trágica, más chiquitita y marrón que las demás, quien bajo los influjos narrativos de María Cristina De Giacomi (también conocida como Cris Morena) llegó a sufrir una caída caprichosa y absurda de un primer piso que la dejó hemipléjica durante un tiempo prolongado. Cualquier persona puede ver el clip en youtube y corroborar que lo que en realidad ocurre es que la pequeña, en un instante epifánico, se arroja voluntariamente al vacío, con lo que cabe preguntarse si tal secuencia estaba en el libreto realmente o si se trató de un accidente feliz. Si esta tesis resulta ridícula, que valga la invitación a sopesar la versión oficial: Jime se asusta de una araña y se propulsa a su nefasta caída como un lemming que se tira por un acantilado. Hoy en día valdría al menos un llamado de atención de #SuperInadi. ¿Por qué hacerla comportarse como un animal desbocado? ¿Con qué necesidad? Es demasiado, demasiado. A pesar de este percance, en un momento todo pareció sonreírle nuevamente a la pequeña Jime y más que nunca; recuperada, encontró a su mamá y festejaron el reencuentro con un viaje, pero en realidad se trataba de un ardid más en la trama tantálica y rubioceniza que le reservaba su titiretera, como diciéndole te doy para quitarte, hija de puta, ya que ambas terminaron perdidas en la jungla y la pequeña, animalizada ya en un eco exotista de bambi, tuvo que presenciar la ejecución de su mamá a manos de bandidos con gafas oscuras y bigote.

El corazon de Rial tiene agujeritos.

Quienes repiten que la radio ha perdido su magia y que la gente ya no lee no han estado atentos a la carrera (¿vida? ¿obra? ¿perfo? ¿numerito de varieté?) de Jorge Rial. Primero nos hizo emocionar y nos erotizó con aquellos mensajes por wassap que intercambió con Marianela Mirra (ganadora de alguna edición no memorable de Gran Hermano). Fue aquello un tour de force a la literatura erótica y a la habilidad del lector para imaginar. Pero no se detuvo ahí, porque este año, del mismo creador de la cámara oculta que arruinó la carrera (¿vida? ¿obra?) de Marcelo Corazza (ganador del primer Gran Hermano)  nos llega la radionovela de sus hijas R y M.

La voz de Silvia D’Auro  (ex esposa de Rial) expele palabras impiadosas contra la nena. No tiene tapujos en meter el dedo en la llaga y decir aquello que nadie debe decir. Los adoptados roban, dice. No dice los hijos del corazón roban. Son hijos ezpeziales. (¿Por qué no pueden ser hijos a secas?) Silvia, arácnida, dice que los chicos adoptivos son malos, son falla, son peligro, son los otros, son lxs putxs, son los negros, roban, son la inseguridad dentro de mi propia casa.  En el colmo de la miseria humana, la acusación de la “madre” a su “hija” se basa en que le roba la ropa. ¿¡Qué clase de madre-monstruo no le presta la ropa a su hija o hijo o hijx!? En el colmo del “clima de inseguridad” una nouveau riche porteña sólo está programada para aceptar en el seno íntimo de su hogar nada más que a criaturas unidas a ella por lazos sanguíneos.

Jorge Rial escucha estas palabras por parte de su ex (de una crueldad e incorrección dignas de South Park) y se quiebra; el estudio de radio queda en silencio y el “Negro” “Oro” pone en palabras sus acciones mientras las realiza, para que los radioescuchas se representen imágenes. Dice: me voy a poner de pie, para ir hasta allá (otro extremo de la mesa) y abrazar a Jorge”. Silencio, gemidos y susurros se entremezclan, se oyen en vivo y en directo los sollozos de un hombre que hizo llorar a tanta pero tanta gente.

Es algo para celebrar que, embebidas de modernidad, ahora las notas que hacen las revistas como Gente o Pronto expongan el off de las grabaciones y entonces Rial pueda hacer que la mancha de su esposa se extienda a la periodista que la entrevistó, Fernanda Iglesias, por no interpelar a la la entrevistada cuando la señora agarra y vierte tamaña falta de tino y desavenencia moral (me remito al caso Mirtha Legrand vs Roberto Piazza). Y la periodista, que no es la ex/esposa, lo acusa al conductor de ser justamente él el motor del conflicto y se encarga de reproducir esas grabaciones (que ella no habia incluido en su nota) una y otra vez, perforando así sus propios agujeritos en su corazón y en los corazoncitos de sus chiquititas, exponiéndolas a las garras del bullying escolar hiperinformado. El daño se lo hace él mismo. Como Jime, que se lanzó del primer piso. Te perjudicas.

Y son, en principio nada más que voces, la voz de Silvia y la voz de Jorge. Chocando en el éter.

 

Blood is thicker than water: ¿Qué es un Tinelli? ¿Para qué sirve?

Mientras Candelaria Tinelli inicia su espiral catábica a la notoriedad a través de lo que transcendió como un plagio alevoso y descarado a la artista plástica francesa Nielly Francoise, Papá Marcelo cree encontrar su nuevo métier: desea convertirse en alimento. Como las galletitas verdes que satisfacen las necesidades nutricionales de la población mundial en Soylent Green (1973) y cuyo ingrediente principal —revelado hacia el final— se trata de nada más y nada menos que [SPOILERS] seres humanos, existe en él una voluntad de ser, literalmente, comido, digerido y excretado por las masas. Sin embargo, la Justicia le ha dicho que no en el juicio que le inició a Juan Tinelli, un productor de aceite mendocino muerto hace cuatro años, quien había osado utilizar su propio apellido para comercializar sus lípidos. Papá Marcelo no podía concebir la existencia de ni la coexistencia con otros Tinellis. Ni siquiera pudo empatizar con Juan, alguien que también se dedicó a la grasa desde hace décadas. No hay amor. No hay nada. Papá Marcelo se autopercibe como algo generado espontáneamente y sin pasado. Los de afuera son de palo. Tinelli empieza con él y se perpetúa en Candelaria. ¿Acaso hay otros que llevan el apellido Tinelli? ¡Carta documento! Él es su propio Tinelli. Nadie más. Y en el caso de Candelaria, la manzana no cae lejos del árbol. El entitlement y la conciencia moral no pueden ir de la mano. Desde un punto de vista antropológico, en rigor, no puede estar robando una persona que no cree en la propiedad del otro.

Con la aparicion de internet, las acusaciones de plagio se multiplicaron como un virus insidioso. Cerati, Led Zeppelin, y documentales como “Everything is a remix” lo explicaron muy bien: la informacion siempre estuvo ahi, solo era cuestión de privilegiados que accedían y la reproducían al resto. Al resto que ahora accede a internet y hace lo mismo. En el inventario léxico nasalizado de publicistas y marketineros: la repartija de tendencias se realizaba entre los cool hunters y trend setters. Nadie más. Todo empezó con los bloopers. Con programas como el bailando, el modelo de importación puede ser más espectacular pero, en rigor, se trata de lo mismo que hace 20 años atrás.

Pero, ¿será que hay algo más profundo bombeando por las venas del conflicto? La pregunta sería si se puede ser artista y millonaria de nacimiento. ¿O por ser Candelaria la hija de Marcelo Tinelli debería dedicarse al mecenazgo de los demás? ¿Es eso lo que nadie le perdonó a Fort? Con la forma de construir cosas en la actualidad, hoy cualquier ser con recursos economicos contrata un grupo de talentosos copypasters, traficantes de refes que luego se hacen pasar por obras de arte propias. Es indudable que Cande tiene sus asesorxs artísticxs.

Ya se trate de ser adoptada y robar ropa o se trate de ser biológica y robar cuadros, quien esté libre de pecado que lance la primera Jime. Todos robamos y todo en esta vida es adoptivo: las mascotas, lxs amigxs, los trabajos, las amantes, los novios, los vecinos, nuestro propio cuerpo. Everything is adoptive. Así que mejor dejarse llevar por la copia, por los ejercitos de imitadoras adoptivas que surcan las aguas densas de la web y el mundo. Solo dejarse llevar.

 

(Versión mutilada en: https://www.losandes.com.ar/article/las-teorias-zarpadas-interpretacion-libre-de-la-realidad-806301)

 

Tigre en la Pampa

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(En http://www.losandes.com.ar/article/tigre-en-la-pampa)

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Salí a caminar solo por Mendoza por primera vez. A medida que avanzaba me sentía libre, por primera vez en mucho tiempo caminar no era abrirse paso. También fui a la montaña. La saludé pero no respondió. Me quedé intranquilo y sentí un deja vu del Oeste norteamericano. Gaby Comte me amonestó: “La montaña es sorda, querido Fernando”. Ya sé, pero soy un pésimo viajero. Fui a tres lugares en mi vida. Cualquier cosa me los recuerda.  Es completamente arbitrario. No puedo sacarme los anteojos, como los exploradores ingleses del siglo XIX que no sabían ver pumas y encontraban tigres en la pampa. Como Esteban Echeverría, que los leyó y reprodujo.

Mi anfitrión me dijo que era un porteño enroscado y yo le dije que sí. Acá no estoy anestesiado y entonces pienso que no quiero viajar en subte nunca pero nunca más, y que no tengo ganas de dar clases en aulas donde se cae el techo, que si sigo en la Universidad de Buenos Aires me voy a volver una persona resentida y mala. Yo no soy una persona resentida y mala. Siento que estoy para otras cosas.  Me dicen que relaje, que etcétera, pero uno no elige qué pensar. Recuerdo que cuando volví a Argentina en 2010 luego de un año en un campus estadounidense, me dije que era temporario. Quería ahorrar e irme a otro lado, porque sabía lo que Buenos Aires haría conmigo, lo que ya había empezado a deshacer esos últimos meses cuando me volví vegano y me compré un ukulele… pero ¡volví y me dejé chupar por la inercia otra vez!

Sigo caminando por Mendoza y me pregunto cuánto falta hasta que caiga accidentalmente en una acequia, a qué oscuro inframundo me conducirán. Seguramente a nada tan espantoso como el subte. Me entusiasmo. Quiero dedicar los días que me quedan a desentrañar algún misterio. Maruja Bustamante me dice “Fernie, tenés que comer tortitas”. Le hago caso y reconozco el sabor de la grasa cadavérica. Tortitas de churrasco, diría el genial y siempre imitado Diego de Aduriz. Termino una y dejo la otra. Maximiliano Santini me dice que tome vino y preste atención a los sonidos de la ciudad. Le hago caso y me la paso tomando vino, pero no sé a qué se refería con los sonidos de la ciudad. Igual son lindos. Compro vino en una estación de servicio, algo que me parece increíble y utópico. El empleado me hace chistes y me cae bien.

Ya aprendí a intuir para qué lado está la montaña aunque no la vea. Quiero ser uno de esos turistas que se caen de la montaña sacando una foto y los rescatan. Quiero que se gaste dinero en mí.
Empieza un nuevo día y por las calles de Mendoza pasan personas de rastas, de pelo azul, darks, travestis, lesbianas y sus hijitas. Veo tachas, mechones decolorados. La gente fuma lo que se le antoja y sostiene la mirada por mucho más tiempo de lo que me resulta habitual. Yo lo que quiero es que Mendoza me colonice. Ya me sale su ye. Creo. En el café de ahora suena Espen Lind. Lucky for you. The dream of the nineties is alive in Mendoland.

THE MINITA WARS

 El problema es que hay cuerpos, y peor aun, órganos sexuales.

Louis Althusser, filósofo marxista y femicida.

 

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I – Fringe

Soy feminista de Tori Amos. La primera vez que la escuché fue en un capítulo de Beavis & Butthead, durante uno de los segmentos en el sofá, y estoy seguro de que fue en 1995, porque ese fue el año en el que empecé a mirar MTV. Se trataba de su primer corte solista, Crucify. La canción me atrajo inmediatamente y me esforcé por escucharla por detrás de los comentarios y risas típicas del dúo. Aunque el video no era muy llamativo, con excepción de que era la primera vez que veía a una pianista pelirroja —sin contar a Razor, del juego de computadora Maniac Mansion—, al poco tiempo vi su unplugged y fue radicalmente distinto: Tori tocaba el piano ¡y el clave! abierta de piernas mientras cantaba exhibiendo un despliegue de emociones hasta entonces desconocidas para mí. El pelo en la cara, su voz que iba y venía de lo confesional intimista a la furia desatada, acompañada por gemidos y movimientos pélvicos sobre el taburete, rozándolo, cabalgándolo. En base a esto, mi sorpresa no fue total cuando finalmente pude ponerme en contacto con sus discos y prestar atención a sus letras. Referencias religiosas se entremezclaban con la familia, la culpa, relaciones turbulentas y su vagina. Ya sea en la narrativa a capella de cuando fue violada a punta de arma, o una referencia menstrual en una canción sobre encontrar su propia voz, o el masturbarse en su cuarto mientras papá —pastor metodista— rezaba abajo con los feligreses, no era infrecuente que en medio de una canción apareciera su vagina sin pedir permiso ni disculpas. Eso me cayó bien y hasta el día de hoy, que es una señora de 50 años muy distinta de aquella Tori tan raw, sigue cantando y tocando enfrentando al público de piernas abiertas e improvisando estrofas sobre su menopausia. Recientemente, y a propósito de los trolleos públicos que Sinead y Miley se hicieron la una a la otra, Tori decidió conciliar un poco las cosas tocando un medley de canciones de ambas. Eso también me cayó bien.

Pienso que es un poco complejo ser un feminista. De hecho, hace unos años existe un Colectivo de Varones Antipatriarcales (¡Ni machxs ni fachxs!)… Y siempre me pregunto: ¿Varones antripatriarcales? ¿Tanto lío para decir que son hombres y feministas? Pero todo bien. Pienso que, quizás, el signo ‘feminista’ para muchas personas es una suerte de hemorroide mental instantánea. Mejor algo más friendly. O quizás temían que les pasara como a los Putos Peronistas que, en sus albores, tuvieron que salir a aclarar que lo suyo no era un chiste. De una u otra forma, lo cierto es que muchos hombres y no pocas mujeres se erizan al escuchar la palabra ‘feminista’. Creo que se debe, en parte, a que hay mucho rechazo direccionado al estereotipo de la lesbiana enojada, lo cual me da lástima porque a mí me encantan las lesbianas enojadas. Las no enojadas también, por supuesto. Pero siempre pesa más el prejuicio, la burla y las fantasías de exterminio de las Tronchatoros, lo que se me hace como pretender quitarle un color a la paleta del mundo. En realidad es muy simple: no se trata de las lesbianas enojadas exclusivamente, se trata de que mis amigas no tengan menos oportunidades que yo, que las dejen en paz con eso de hacerlas sentir gordas y feas, que no las violen o al menos que no las violen tanto, que no las prendan fuego, etc. O sea, lo obvio. Pero es difícil. Una vez, una amiga feminista me dejó de hablar por interpretar conductas mías como patriarcales —¡Justo yo, que fui darks en los 90s!— y me costó tiempo no tomarlo como algo personal, entender que en tanto exista la desigualdad, no puedo pretender que mi buen decir y mis intenciones de paz y armonía sean entendidas de manera transparente y unívoca. La lengua no puede transmitir absolutamente nada, no hay nada —con excepción de los priones y sus efectos neurodegenerativos en caníbales— que salga de los confines de un cerebro y se inserte en otro. Entendemos que hay comunicación en la medida en que percibimos una relativa entropía entre nuestras conductas y nuestras teorías de las mentes de los otros. Cuando eso no se da, pensamos que estamos en presencia de mentirosos, o manipuladores, o locos. Es absurdo pretender un control total sobre lo que las palabras de uno activan en los demás. Especialmente cuando uno se sitúa en las zonas fringe de lo que los franceses denominaron formaciones discursivas: regularidades que especifican lo decible y lo pensable en un momento histórico dado. Como cuando uno es hombre y feminista y encuentra este hecho tan problemático que termina resolviendo la cuestión autodenominándose varón antipatriarcal.  Quizás haya sido por esta inquietud que hace unos años, en mi labor de lingüista, llevé a un par de congresos una investigación sobre el conflicto mediático entre El Guardián y Página 12, en el que Juan Terranova le respondía a una activista que había iniciado una campaña contra el acoso callejero, confesándole su deseo de encontrarla y decirle que le gustaría romperle el argumento a pijazos. En su blog decía culo. La activista en cuestión y su plataforma denunciaron inmediatamente una amenaza pública de violación y lograron la presión necesaria para despedirlo, con ayuda de un agente supranacional: change.org, una empresa estadounidense con fines de lucro disfrazada de ONG, encargada de generar valor a partir de causas sociales, donaciones, membresías premium y recopilación de inteligencia. Personalmente, la columna de Terranova me pareció una falta absoluta de tino pero, por otro lado, la importación directa y sin escala de speech codes estadounidenses que no tienen ningún reparo en explicitar su clasismo —el terror manifiesto a esa raza de salvajes conocida como empleados de la construcción— tampoco me hacía ni me hace feliz. Una lección importante para todas las partes involucradas es que la campaña anti-piropos cobró fuerza y visibilidad precisamente gracias al conflicto con Terranova, habiendo pasado bastante desapercibida al principio. Incluso Página 12 había tomado distancia respecto del discurso de Inti María Tidball-Binz, la impulsora del movimiento, y sólo tomó posición clara una vez desatada la batalla. De todas formas, a mí no me interesaba entrar en el juego que habían armado ellos. Me interesó romper la hegemonía que colaboraban en delimitar. Miré otra cosa y jugué otro juego. Analicé, desde la perspectiva de la Lingüística Crítica, las representaciones de género en ambos medios a partir de todas las notas que conformaban el conflicto. No me sorprendió descubrir que las mujeres a duras penas estaban representadas en El Guardián y los pocos procesos de los que participaban en ese discurso las mostraban sin ninguna posibilidad de transformación o agenciamiento del mundo. Sin embargo, lo que descubrí en el caso de Página 12 fue contraintuitivo —quizás yo era más ingenuo, no lo sé—: las mujeres estaban prácticamente invisibilizadas como sujetos reales en el conflicto, participaban mayoritariamente de procesos mentales como ‘pensar’ e ‘imaginar’, mientras que el grueso de los procesos de transformación del mundo tenía a las organizaciones estadounidenses como agentes. Incapaces de organizarse, autoconvocarse, responder o hacer cosa alguna, Página 12 las representaba como meras damiselas en apuros a la espera de la intervención de la plataforma estadounidense y su ejército de community managers pagos.

II – Vudú

Antes del revival zombie de los últimos 10 años, existía en los cultos de cine fantástico y bizarro una diferenciación teórica entre éste y el muerto vivo. En rigor, los dosmiles nos regalaron muchísimas películas de muertos vivos pero prácticamente ningún zombie, en el sentido purista. El zombie originario —inspirado en las creencias mágicas haitianas— responde a un maestro que lo controla y utiliza para sus malévolos fines, y no necesariamente está muerto. El muerto vivo, en cambio, no responde a nadie, es errático y come cerebros, intestinos y esas cosas. El estado de zombificación puede revertirse, a diferencia del muerto vivo que, con muy contadas excepciones, tiene nulas esperanzas de rehabilitación.

Hasta donde sé, luego de su desaparición simbólica a manos de feministas de tumblr, Terranova no volvió a escribir en revistas de papel pero volvió de la muerte periodística a través de la creación de Paco, un blog colectivo en el que una gran porción de sus autores suelen hacer covers del último Fogwill, atacando presas fáciles y servidas: freeganos, gordas, mujeres, putos, etc. La propuesta frecuentemente sirve de carnada para los clicks indignados de varios incautos y está a tono con el wit de twitter. Cuenta incluso con algunas colaboradoras token que brindan una cuota de pluralidad, de las cuales más de una ha llegado a simpatizar con consignas antifeministas. Este fenómeno —la existencia de alineadas o sobreadaptadas que, de una u otra forma, traicionan a las congéneres— ya nos lo explicó Simone de Beauvoir y, en lo que a mí respecta, lo inmortalizó Tori en su canción Cornflake girl —cuyo verdadero significado revelaría recién casi veinte años después, al especificar que surgió a partir de una conversación con su amiga negra sobre el rol de las traidoras en la mutilación genital femenina en África—. Todo esto forma parte del abanico de políticas multiculturales estadounidenses conocidas como affirmative action. En contexto, son movidas conservadoras. En los campus estadounidenses hay un cupo de negros a cubrir: no menos, pero tampoco más. Es funcional a una clase dominante permitir el movimiento ascendente de unos pocos oprimidos; genera una ilusión de igualdad, a la que se le suma el autodesprecio de los identificados con el amo. Entre los sometidos suele haber un Uncle Tom, figura del colaborador del establishment que pisotea las cabezas del semejante: el esclavo esclavista, la mujer machista, el judío kappo, el puto mataputos, etc. Es una suerte de triunfo del progresismo que los enfants terribles acepten su lugar periférico al discurso mediático y colaboren con éste para ayudarlo a imponer sus referencias. Y éste es el punto en el cual la incorrección política es igual de tonta que la corrección política. Lo mismo, pero al revés. El horizonte de disrupción termina siendo el mismo que el de una propaganda de cerveza o desodorante. No se corre ningún límite y las referencias no cambian. Todo está intacto. Hay una dependencia mutua entre la policía del lenguaje y los Bazooka Joe de la trangresión.

Hace unos meses, Paco contó con la colaboración de una tal Paula Puebla obsesionada con Malena Pichot, a quien acusaba de ser una feminista caníbal. Inquilina de Paco, Paula nos enseña el feminismo de posta: desmenuza las fotos de Malena, su look, su corte de pelo, su poca ropa, su diminuto cuerpo, al que secciona con precisión carnicera, la trata de minita, de reproductora de estereotipos, de banal, la acusa de mal desempeño en el ejercicio de sus funciones como Vocera del Feminismo, y se supone que tenemos que creerle que en todo esto la caníbal es Malena. Más contexto: Paco es el medio que publicó una nota sobre la noción de capital erótico —la idea de que ser mujer y poseer atributos atractivos la convierte a una en endechadora de hombres y todo eso la libera de la opresión patriarcal—. Me preocupa que se pueda llegar tan tarde a Madonna, a Mariana Nannis y, por qué no, a Marita Verón. En el fondo querría decirle a Paula que no, que con esa yunta no puede darse el lujo de troskear a Pichot, que la están usando, que es el mero vehículo retórico de autofagia y retorsión del que se sirve el temible Terranova para morder e infectar el feminismo. Quiero decirle que es el muñeco vudú de una vendetta resentida y extemporánea que, para colmo, es de otro. ¡No se puede acusar a nadie de feminista caníbal desde el mismo blog que se burla de las gordas a las que no se les hace huequito entre las piernas! ¡Así no! ¡Así! ¡No! Alinearse con el chongo —o luqui haiga— puede parecer una escalera al poder, pero en tanto las pibas o sus restos mortales sigan engrosando las estadísticas, el cuerpo —¡El problemático cuerpo, con sus órganos sexuales!— tendrá la última palabra. Seguramente son muy distintas, pero pensé encontrar el punctum, quise que Paula pensara que volviendo a casa sola de madrugada, las Paulas y las Malenas forman parte de una misma clase social. Estuve a punto de esconderme bajo un nom de plume y escribir una carta abierta de Sinead O’Connor a Paula Puebla con todo esto, pero después me dije:  no, tengo que dejar de ir por la vida creyéndome Sinead O’Connor. Además, cometería el mismo error que ella cometió con Miley. Sería ser condescendiente, y la condescendencia es peor. Está bien lo que pasó, porque Paula escribió lo que escribió y Malena le respondió con un espejo en la nota que tituló, lacónicamente, Minita. Está perfecto que ambas hayan tenido la libertad de elegir. Paula no inventó el juego que tuvo que jugar para ser relevante colgándose del supuesto feminismo caníbal de Malena, así que sería injusto culparla. Seleccionó las mejores herramientas que tenía a disposición, así como lo volvió a hacer en la nota siguiente, “Máxima vulva”, en la que a falta de una Malena, ataca una construcción: una feminista de paja. Paula piensa en las que hablan de cosificación, algo que considera estúpido, y una forma new age de victimización por parte de las resentidas, las feministas falopa, envidiosas de esos bellos cuerpos desnudos que tienen el enorme poder de obligar a débiles hombres a desearlos, cortejarlos, comprarles tragos, darles palizas, violarlos, matarlos, tirarlos a la basura. Define a las mujeres como dueñas de una tecnología biológica capaz de engendrar y gestar vida dentro de su vientre para luego parir. Defiende el piropo como una parte histórica de la cultura, una expresión de admiración del fastuoso poder que exuda del cuerpo de una mujer. No contenta con todo esto, acompañó el texto con fotos de su cuerpo sin cabeza apenas cubierto por tatuajes de trazo grueso y retazos de animal print. Desafió a sus lectores:

“Sé absolutamente todo lo que van a decir. Puedo verlos venir, escuchar los pasos pesados como si estuviera en un cuento clásico de zombies a punto de ser desgarrada y masticada por la horda”

III – Turing

A la reflexión de Althusser luego de haber ahorcado a su esposa hasta la muerte durante una sesión de masajes le falta algo para actualizarla. El problema es que hay cuerpos, órganos sexuales y, por esto mismo, hormonas. De todas las lesbianas enojadas, mis preferidas son las radical feminists de EE. UU. No recuerdo hace cuántos años me topé con sus escandalosos blogs y peleas, pero, por lo que pude investigar, acá no se consiguen. A las radfems les interesa llegar a la raíz de la desigualdad de género. Sus análisis germinan a partir del feminismo de la primera mitad del siglo veinte: el feminismo político y social, el de las reivindicaciones, derechos y libertades. La solidez de sus argumentos y su capacidad de resistencia son encomiables. Desestiman la posmodernidad, lo queer, el empoderamiento clitoriano de Sex & The City, y proponen que, contra lo que pregonan los discursos progresistas más actuales, el género no es un sistema binario, sino jerárquico. Dicen, con de Beauvoir, que una no nace mujer sino que la hacen mujer. Ser mujer es que a una la socialicen de prepo y sin escapatoria como a un ser humano inferior. No es de extrañar, por lo tanto, que sus archienemigas sean las trans, quienes por su parte las acusan de transfóbicas y de querer llevarlas al suicidio por tratarlas de hombres. Las radfems, a su vez, acusan a las trans de ser parodias, hombres heterosexuales disfrazados, y de tener la peor de las agendas: infiltrarlas, silenciarlas, amenazarlas y subyugarlas a sus abominables penes. Por lo que entiendo, no es infrecuente que las trans estadounidenses se identifiquen como mujeres luego de una vida de identificación como hombres heterosexuales de clase media, muchas veces casados y con hijos. En este sentido, muchas se definen como lesbianas y hasta han llegado a acuñar el término ‘techo de algodón’ para referir lo que entienden como discriminación por parte de las lesbianas cis —es decir, no trans— que no quieren aceptarlas como potenciales parejas románticas o sexuales —el algodón vendría a ser el de las bombachas de las lesbianas no trans, el límite a franquear—. Recientemente Lily Cade, una pornógrafa que se dedica exclusivamente a contenido lésbico, fue atacada en twitter por mujeres trans que consideran que su negativa a contratar actrices con pene o neovagina constituye una actitud transfóbica y discriminatoria, y llegaron a amenazarla con hacerle juicio por incumplir con el principio de igual empleo. En el mar de acusaciones irrisorias, hasta Ellen Degeneres y Rupaul, íconos lésbico y gay respectivamente, han sido acusados de transfobia. Las radfems, por su parte, diagnostican a las trans con autoginefilia, un término polémico acuñado para designar un supuesto fetiche de hombres heterosexuales que usan lingerie y maquillaje con finalidades de mero goce sexual. Por otra parte, están los hombres trans, a quienes las radfems sí consideran lesbianas, sólo que en negación. Serían, de acuerdo a ellas, víctimas de una cultura que les enseñó a odiarse a sí mismas, en conjunto con las promesas de normalización de las industrias farmacéutica y quirúrgica, ambas dominadas por hombres, sus fantasías y ganancias. Denuncian los efectos de los tratamientos de por vida con hormonas sintéticas, que incluyen riesgos de cáncer y enfermedades cardiológicas, y ven las cirugías de mamas y genitales como mutilaciones —muchas veces los textos que producen al respecto son acompañados por fotos y casos clínicos de una elocuencia virulenta— y los ponen en perspectivas históricas planteando que hay, a lo largo de los siglos, una continuidad de ataques a los cuerpos de niños maricas y niñas chongo. Rastrean la historia de los tratamientos de reemplazo hormonal en las torturas sufridas por homosexuales en calidad de ratas de laboratorio, como Alan Turing, obligado a elegir entre la cárcel y los estrógenos, quien moriría en 1954 impotente y con tetas en lo que muchos consideran un homenaje suicida a Blanca Nieves. Sin cruzar el océano, al finalizar la Segunda Guerra, Karl Vaernet, quien realizara cruentos experimentos en prisioneros homosexuales en los campos de concentración a través de la administración de testosterona y la implantación de glándulas artificiales, logró escapar de Suecia, donde aguardaba ser juzgado como criminal de guerra, para terminar encontrando refugio en Argentina, donde abrió su propia clínica y llegó a ser contratado por el Ministerio de Salud de Perón. Murió en libertad y está enterrado en el Cementerio Británico de Chacarita.

Todo lo anterior es apenas una muestra de las reflexiones que puede suscitar el contacto con las guerras de género estadounidenses y todo su dramatismo, sus denuncias, acusaciones y agravios irreconciliables. En principio, yo siento que las radfems no son incorrectas por el mero hecho de ser incorrectas, sino que ellas realmente quieren Salvar el Mundo, pero eligen no hacer hincapié en transmitir sus mejores ideas, como que es imposible nacer en el cuerpo equivocado, que you are beautiful no matter what they say, que no hay condicionamientos biológicos que determinen intereses, preferencias, roles y relaciones de poder a partir de la genitalidad, sino que todo es cultural, y que es allí en la cultura —y no en las farmacias y bisturíes— donde vamos a encontrar las razones y la solución a nuestro sentirnos más o menos desubicados en nuestros cuerpos de acuerdo a lo que la cultura y su distribución de relaciones de poder impone para nenes o nenas. En vez de eso, las radfems terminan preocupándose más por atacar a las trans, escrachándolas, usando los pronombres que las ofenden, y después terminan trolleadas, amenazadas de muerte y hasta de violación, censuradas en facebook y wordpress, y se vuelve todo una coreografía viciosa y absurda como las pegatinas de whiskerías céntricas seguidas de los bienintencionados transeúntes que detenemos nuestra marcha para despegarlas una por una, seguidos por otra tanda de pegatinas, otra de arranque de papelitos, y así, así, así. Por siempre. Y, entonces, estas feministas, las más politizadas, las más de izquierda, terminan relegadas al exterior del progresismo estadounidense, en la misma bolsa que la derecha republicana cristiana.

Pero, se dirá, ¡aquí nadie obliga a nadie! ¡El Pensamiento Nacional ya llegó y es libertario! Y de eso, precisamente, se trata. El neoliberalismo necesita no obligar a nadie para funcionar; necesita individuos que eligen libremente. Lo dijo Margaret Thatcher en 1987: No existe la sociedad. Hay mujeres y hombres individuales. Nathan Verhelst eligió libre e individualmente cuando comenzó a aplicarse inyecciones de testosterona sintética. Eligió libre e individualmente cuando decidió someterse a una mastectomía doble y una cirugía de reasignación sexual —la extensión de la uretra y la implantación de parches de tejido de brazos, espalda y piernas en la zona púbica—, y como aprendieron sus familiares y amigos en la fiesta de despedida que organizó, también eligió libre e individualmente cuando, al cabo de tres cirugías fallidas que causaron y no lograron revertir la necrosis del colgajo, presentó una solicitud de eutanasia al estado belga, que se la concedió. Nathan hizo el pedido sobre la base de sentirse un monstruo y estar atravesando un sufrimiento psicológico insoportable. Su madre, mientras tanto, afirmó que no siente el más mínimo ápice de remordimiento ante la muerte digna de Nathan, que nunca sintió ninguna conexión con su hija, y que al nacer era la beba más fea que había visto. Todo eso, por supuesto, vendría a ser lo que Nathan no eligió. Casos terminales como el de Nathan en Bélgica no son la única instancia de normalización-o-morir-en-el-intento. En Irán, muchos gays optan por la cirugía de reasignación de sexo, ya que los tratamientos químicos y quirúrgicos para mujeres transexuales no sólo son legales, sino que están cubiertos por el Estado, mientras que a los varones que se entregan a la sodomía o lavat, la ley los agasaja con castigos que contemplan hasta la pena de muerte.

Mientras que es fantástico vivir en un país con la Ley de Identidad de Género más avanzada del planeta —ya que plantea la identidad como un derecho y no una patología— y, en consecuencia, ahora gozo de la libertad de poder modificar mi DNI y pasaporte si algún día así lo sintiere, me hago muchas preguntas. Me pregunto, por ejemplo, qué debates se dan en torno a los tratamientos con hormonas sintéticas y dónde ocurren, dónde encontrar esos debates que maximizarán mi libertad a la hora de elegir qué camino seguir. Si yo quiero iniciar mi transición química a una identidad femenina, ¿Qué informaciones voy a recibir sobre las alteraciones físicas y mentales que voy a enfrentar? ¿Ocurre sólo en el ámbito del consultorio? ¿Ocurre en el consultorio en absoluto? El texto de la ley plantea, en el Artículo 2º —referente a la Definición— que la identidad de género puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. La pregunta que me hago es qué implica escoger libremente cuando no se tiene libre acceso a un abanico plural de perspectivas y versiones.  ¿Podemos hablar de despatologización cuando hay consultorios y quirófanos de por medio o, al contrario, se trata de una mera nomenclatura? ¿Qué pasa cuando una o un trans en tratamiento hormonal y quirúrgico decide terminar con su vida? ¿Pasa a integrar alguna estadística? ¿Suena algún tipo de alarma?  ¿Qué pasa si una trans o un trans decide, por cualquier motivo, dejar de ser trans? ¿Por qué el Gobierno se autocongratula por la jubilación trans para mayores de 45 años cuando las organizaciones vienen diciendo que la esperanza de vida de las travestis es de 35 años? ¿Cómo se espera que dichas organizaciones puedan hablar al respecto cuando muchas de sus voceras y voceros son empleados del INADI? Demasiadas preguntas.

IV Spam

Alan mira a cámara, sombrío. Se adelanta a cualquier crítica y habla de su acné. Luego enumera la serie de trastornos físicos que está experimentando. Se agita, tiene taquicardia y la presión por las nubes. Aclara: no está por estirar la pata. Con resignación repasa los límites de la transformación física y psicológica que a lo largo de casi dos años ha documentado cada vez con menos entusiasmo. Sabe que a esta altura la voz y el vello corporal no van a cambiar mucho más. Explica que sus problemas de salud actuales fueron causados por haber vuelto a la testosterona luego de abandonarla brevemente. La meta era intentar concebir un bebé antes de que los ovarios se le atrofien, pero el plan no prosperó. Lejos y borrados quedaron los videos en los que se despachaba contra los hombres y mujeres que no se comportaban como tales, las rabietas venenosas contra los y las trans que manifestaban no querer operarse y los exabruptos racistas y homofóbicos que tomaban posesión de él cuando se sentía amenazado o airado. Ahora hace videos muy espaciadamente y a veces recuerda sus inicios en la tv post 2001. Bajo el nombre artístico de Yessicam, se presentaba como una chica de 15 años que amaba la música y era fan de Backstreet Boys, en especial de A.J. Su anfitrión, un joven Santiago del Moro, la había invitado a participar del Countdown de MuchMusic luego de transmitir su cinta de audición, en la que se la veía algo torpe y tímida. Yessicam pasó tardes enteras de los dosmiles cantando y bailando en cámara, homenajeando a Thalía, Shakira, Britney Spears y Madonna. Corte al 2014. Alan se filma mirando televisión desde la comodidad de su living en Campana a través del diminuto ojo de su celular Samsung. Analiza la carrera actual de Santiago y fantasea con volver a la televisión en calidad de panelista. Piensa que con él tendrían la química perfecta, después de tantos años de trabajar ad honorem en sus programas.

Como cualquier ser humano, Alan tiene derecho a contradecirse, cambiar de opinión, volver a cambiarla cuantas veces quiera y hacer todo esto público con ayuda de las tecnologías de telecomunicaciones. Y como Alan, son incontables las personas de todo el mundo que documentan sus procesos de transformación en youtube. Grasa corporal que se acomoda, masa muscular que aumenta o se reduce, cambios en la voz, consejos, pelos que vienen y van, fajas para el pecho, lesiones producidas por las fajas para el pecho, faloplastias, vaginoplastias, dispositivos de urinación de silicona con forma de pene fláccido, arneses, mastectomías de pechos sanos, pezones recortados, vueltos a coser en su lugar. Pezones que no toman y se caen. Pezones que no logran restablecer conexiones nerviosas y pierden toda sensación.  Atravesando estas narrativas siempre están las hormonas. Me parece necesario abandonar la idea ingenua de que las hormonas sintéticas son interruptores de perfecto diseño que activan con especificidad ortomolecular una versión hombre o mujer de quien sentimos que somos y nada más. Si quien consume el compuesto químico es un hombre cis —típicamente un fisicoculturista buscando convertirse en una bola de músculos—, como si cambiara de identidad, la misma testosterona sintética pasa a llamarse esteroides, grupo de sustancias que gozan de una condena social indiscutible. Un compuesto antiandrogénico —es decir, un bloqueador de la testosterona—, cuando se comercializa bajo el nombre Finasteride, pasa a ser una simple pastilla contra la calvicie, con efectos adversos documentados como depresión, ideación suicida, impotencia irreversible y ginecomastia —crecimiento de mamas en hombres—. Los niños trans de las naciones más avanzadas gozan del privilegio de que les bloqueen la pubertad con drogas cuyos efectos totales se desconocen aún, para recién elegir si activar su desarrollo gonádico normal o el sintético habiendo alcanzado la mayoría de edad. Por supuesto, todo tratamiento de transición completa implica castrar al paciente, lo que termina resultando, voluntariamente o no, en un programa eugenésico para que los raros no se reproduzcan.

Las incomodidades que genera habitar un cuerpo son uno de los pilares principales de la mercadotecnia. Hay industrias que existen para infundirnos terror a través de imágenes, y hay otras industrias que se alimentan de ese terror y nos venden tecnologías invasivas con la promesa de adaptación de nuestros espantosos, insuficientes o excesivos cuerpos colonizados. Vivimos en una época en la que es considerado normal trabajar 9 horas al día y al salir pagar para meterse en la rueda de hamster de un gimnasio. Quizás, con toda esa energía, podríamos iluminar ciudades o construir viviendas.

En Spam, la ópera hablada de Rafael Spregelburd, las promesas de alargamiento peneano via mail comandan una intriga de paranoia post-apocalíptica. En medio de estafas, plagios académicos y persecuciones, un lingüista amnésico lucha por reconstruir tanto su propia historia como una lengua babilónica con un funcionamiento imposible. El punto problemático es que en esta lengua se borran los límites entre la semántica léxica y la combinatoria. Como ejemplo, podemos pensar en una lengua en la que existe una palabra específica para designar el saquito de té que está en la taza y otra absolutamente distinta para el que está en la caja. Spregelburd lleva esta caracterización hasta el absurdo cuando propone que la lengua en cuestión tiene palabras larguísimas para combinaciones de significado simples, mientras que combinaciones de lo más complejas son referidas por palabras monosilábicas.

Las aventuras teóricas de Mario Monti, protagonista de Spam, tienen un precedente relevante en la bibliografía lingüística. Benjamin Lee Whorf realizó sus investigaciones sobre la lengua Hopi a finales de los 30 e introdujo la tesis del relativismo lingüístico —la idea de que hablantes de diferentes lenguas experimentan y conceptualizan el mundo de manera diferente—. Al poco tiempo murió, sin haber anticipado la reacción por parte de los universalistas de los 60, que lo ridiculizaron y criticaron hasta el hartazgo. No había lugar para relativismos: se respiraba patchouli y estructuras sintácticas. Los lingüistas rusos, mucho más caros a los enfoques sociolingüísticos, sí le dieron una acogida positiva a la postura relativista. Finalmente, la última parte del siglo XX redimió a Whorf de la mano de muchos lingüistas que estudiaron su trabajo y refutaron a sus críticos. Se suele decir que el rechazo hacia Whorf se debía al apogeo de la mente-cerebro y la Gramática Universal de los generativistas, y, en no menor medida, al elitismo academicista, ya que él, en rigor, no era lingüista, sino ingeniero. En la actualidad podemos encontrar la encarnación más fuerte y falsificada de la tesis del relativismo en las policías y parapolicías del lenguaje que luchan contra lo que denominan la utilización sexista de éste. Realmente no hay un fundamento teórico profundo detrás de las recetas de lenguaje neutro, sus causas, efectos e implicaciones —hablantes de lenguas sin marcadores de género suelen presentar los mismos sesgos cognitivos que los que diferencian género a nivel lingüístico—. Las palabras no son discriminatorias por sí mismas, en abstracto. Siempre podemos encontrar una situación en la que sintagmas como negro puto tienen un valor afectuoso y positivo. Y si las palabras fueran discriminatorias por sí mismas, es absurdo pensar que no varían de acuerdo a factores temporales, geográficos, sociales y contextuales. Las palabras no son palabras y ya; son personas que las dicen a otras relacionándose de determinada manera, en un momento y lugar determinados, en un determinado idioma y con unas determinadas prosodia y entonación que pueden materializar determinados actos de habla. No se puede patrullar el discurso sin una base. Es oscurantista y totalitario. En cambio, nos toca algo más complicado: pensar. Analizar qué nos dice el lenguaje sobre nosotros, nuestras relaciones de poder, las manipulaciones que realizamos y las prácticas en las que nos involucramos. Por otra parte, no necesitamos que la Policía del Lenguaje nos avise que Miguel del Sel es un espanto, él y toda su producción. Los hablantes no son imbéciles. Lo que sí hay, a falta de argumentación y pensamiento, son buenas intenciones, que establecen qué palabras se pueden decir y cuáles no, y en concordancia se elaboran manuales de comunicación para incluir a todos, a todas y a todxs. El problema es que esto no es visto como lo que es, una buena intención, un útil y poético recordatorio de la desigualdad, un recurso que todos debemos poder emplear si lo elegimos, sino que baja a las masas como doxa pura, en base a la intuición ingenua y anticientífica de pensar que las palabras son unívocas, que pueden existir fuera de su uso, y que se puede legislar sobre su significado absoluto. Se proponen eufemismos y luego se produce lo que Steven Pinker denominó el efecto cinta de correr: El eufemismo de hoy se convierte en el insulto de mañana, y el eufemismo de pasado mañana será un nuevo insulto, y la cadena se reproduce al infinito. La Policía del Lenguaje parece ignorar que los hablantes son seres humanos capaces de decidir, que no les gusta que les impongan qué decir, y que siempre serán creativos. Mongólico fue, en algún momento, una palabra políticamente correcta; corky no era un adjetivo cuando apareció en la pantalla de telefé hace 20 años. Algo que es particularmente problemático de la policía lingüística es el revisionismo en el que suele incurrir. En Estados Unidos se están imprimiendo ediciones de Huckleberry Finn en las que la palabra nigger es reemplazada por slave, para que nadie se sienta ofendido. Asimismo, en la folletería de aborto seguro y legal ya se está empezando a cambiar la palabra women por la sigla PWU, correspondiente a Gente Con Útero, logrando, efectivamente, convertir a la palabra ‘mujeres’ en algo ofensivo. Mientras tanto, facebook presenta en inglés estadounidense una taxonomía de 58 géneros diferentes para que el o la usuaria elija libre e individualmente. Entre las opciones figuran identidades como agénero, pangénero, neutrois y hasta dos espíritus —identidad perteneciente a poblaciones originarias, frecuentemente apropiada por los colonos exotistas—. Ninguna de las opciones se acerca a lo que en español de Argentina es denominado por la palabra minita.

V – Crucify

Luego de mi encuentro con los blogs de las radfems, intenté rastrear un feminismo similar en Argentina o el mundo hispanoparlante pero no tuve mucha suerte, hasta que ocurrió lo impensable. Buceando en las aguas procelosas de internet en búsqueda de información sobre el caso de una niña trans de nuestro país, me topé con un artículo que comenzaba atacando la intervención del Estado, la familia y la corporación médica en el cuerpo de la niña en cuestión, empleando los mismos argumentos que las feministas de Estados Unidos que critican el género y las políticas de identidades. La sorpresa, en realidad, fue descubrir que la lesbiana enojada detrás del texto se trataba de nada más y nada menos que… ¡Juan Terranova! Amurado a un antiguo rencor, vuelve a dar batalla a sus enemigas de Página/12 desde la pantalla de Paco, usando lo que él concibe como un “niño travesti” en calidad de caballo de batalla y, hacia el final, escupiendo incorrección a troche y moche, arruinando, quizás, lo que hubiera sido pararse de manos desde un feminismo sólido contra los numerosos problemas de la nota de Mariana Carbajal sobre la pequeña persona en cuestión. Es cierto que él sigue siendo quien escribió la tontería del pijazo, pero, como Alan, Terranova tiene derecho a cambiar, redimirse, salir del closet y asumir su lesbianismo. Por lo que vi, nadie se tomó el trabajo de responderle.

¿Cómo puede ser esto?, me pregunto. Cierro los ojos y visualizo, como si fueran legos de todos los colores flotando en el espacio, pequeñas unidades ideológicas que se combinan las unas con las otras, originando las formas más diversas y coloridas. No hay nada en cada pieza individual que contenga las instrucciones de coherencia interna de cada forma, sino que cada pieza puede combinarse con otras y formar parte de muchas formas, y así lo hacen cuando en distintas dimensiones se van superponiendo unas formas con otras, y entonces me doy cuenta de que estoy empezando a comprenderlo absolutamente todo, un rompecabezas multidimensional que me muestra el genoma ideológico completo, la continuidad entre los feminismos más disímiles, atravesando todas las olas, donde nociones como izquierda y derecha no existen no porque estemos en la pxsmxdernidxd y no haya nada y todo valga, sino porque en realidad todo existe y es complejo y hay mejores y más efectivas explicaciones. Y entonces me asusto porque no quiero entender absolutamente todo y abro los ojos nuevamente pero estoy en medio de un campo de batalla, de un lado hay hombres, mujeres y otrxs con configuraciones cromosómicas y fenotipos diversos. Hay mujeres con feminización testicular. Está el chino de Zheijang que acudió al médico con su esposa por un dolor estomacal y descubrió que genéticamente es mujer y tiene útero y ovarios funcionales. Hay quimeras, como Lydia Fairchild, “La mujer que es su propia melliza”, que descubrió de adulta que su útero es el de su hermana absorbida en el vientre materno y que sus hijos son genéticamente sus sobrinos. Está Harnaam Kaur, una chica Sikh con ovarios policísticos que deja crecer su tupida barba con orgullo, están Alan y Yessicam de la mano, están Terranova, feministas de las tres olas, transfeministas, periodistas de página 12, violadores y femicidas famosos. Del otro lado están ellas: chicas muy flacas que estiran las mangas de sus pulóveres y miran el piso torciendo la cabeza. Se ven cortes carré, flequillos, lentes wayfarers, ukuleles, ensaladas de quínoa con menta y pistacho, cámaras de fotos analógicas. La tensión aumenta y me doy cuenta de que está por ocurrir una masacre.

Siento que tengo que hablar, decir algo. Miro al cielo. Siento cómo se desprende de mí todo mi vello corporal y mi barba, mi cuerpo se achica y contornea, mi cabello se vuelve largo, tupido y rojo, mi piel palidece y mis ojos se vuelven azules. Veo mis brazos extenderse como los de un lemming bloqueando el paso de los demás, como diciendo ¡detengan esta locura! Mis labios, carmesí, se abren:

Why do we crucify ourselves?

Every day I crucify myself

And nothing I do is good enough for you

I crucify myself

Everyday

I crucify myself

My heart is sick of being

I said my heart is sick of being

In chains

Fernando Montes Vera